Por: Henry Guerrero Ramirez
En tiempos donde a cualquier acto sentimental o placentero se le llama amor, resulta necesario preguntarse, ¿qué es el amor verdadero? ¿Cómo saber si una persona nos ama realmente?
Dios es amor y nos ha creado por amor para compartir su infinita bondad. El hombre entonces está dotado en su ser de esa capacidad para amar, y por tanto es natural que desee encontrar la persona con quién compartir su amor para toda la vida.
Aquí hablaremos claro y sin rodeos, el amor verdadero existe, y lo identificaremos en el presente escrito. Pero desde ya quiero que entiendas un punto base importante; si logramos reconocer lo que es el amor verdadero, lo razonable es que todos apuntemos a él, y nadie por ningún motivo puede conformarse con menos que ello. Si sabes qué es lo mejor que te mereces, no tiene sentido que aceptes menos.
“Ah mira, me trata bien, es detallista, es una buena persona…realmente siento que me ama y yo también”. Eso es lo que normalmente diríamos de alguien que aparentemente nos hace sentir amados, pero ¿será suficiente para decir que eso es amor verdadero? Por supuesto que no.
Lamentablemente muchas personas asocian el amor de acuerdo con los sentimientos del momento, mientras les hagan sentir bien, sentirán que los aman. Y claro, una persona que te ama te hará sentir bien, pero una persona que te ama de verdad siempre hará lo mejor para ti, aunque eso en ocasiones no te haga sentir bien.
Limitar el amor a lo que sentimos, es reducir su valor. ¿Será que cuando tienes una discusión o desacuerdo con tu pareja, ya dejas de amarlo porque te hizo sentir mal? Precisamente eso sería limitar el significado del amor a los sentimientos.
El amor es una decisión firme y voluntaria que implica sacrificio, entrega, servicio y todo aquello que busque siempre el bien de la otra persona.
Dicho esto, estaremos de acuerdo en que el amor verdadero no es lo que únicamente nos hace sentir bien y tampoco se limita a los sentimientos. Con ello descartamos muchas situaciones donde se piensa que están viviendo el verdadero amor, cuando en realidad, no es así.
Identifiquemos al verdadero amor.
Como ya hemos dicho, Dios es amor y no hay amor más perfecto que Él. Dios se hizo hombre en la Persona de Jesucristo, habitó entre nosotros y entregó su vida para salvación de todos los hombres. «Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.» (Juan 3, 16). (1).
Dios es el verdadero amor. Y si realmente lo aceptamos, no deberíamos dudar de que nos ama. Aunque haya situaciones que no las comprendamos, sabemos que siempre va a querer lo mejor para nuestras vidas.
Si así lo creemos, lo coherente debe ser que vivamos una vida conforme a lo que Él nos manda. Sí, lo sé, no es nada fácil, requiere mucho esfuerzo y sacrificio, pero ya lo dice el Señor: “Esforzaos para entrar por la puerta angosta, porque muchos, os digo, intentarán entrar y no podrán”. (Lucas 13, 24). (1).
Y uno de los mandatos que Dios nos ha dado es: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne” (Génesis 2, 24). (1).
Esa unidad se consuma y es únicamente posible en el Matrimonio. Así lo estableció Dios: “De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mateo, 19, 6). (1).
Esa debería ser razón más que suficiente para entender que las relaciones sexuales solo pueden realizarse dentro del matrimonio, que es el lugar y el momento apropiado que Dios ha diseñado para que ocurran. ¿Por qué deberíamos de dudar de que eso es lo mejor para nosotros?
Muchos verán los mandatos del Señor como limitaciones, restricciones y prohibiciones; pero solo pensará así quien pone por encima sus criterios personales, sus placeres y sus deseos.
Solo piénsalo, en otras palabras, le estás diciendo a Dios: Yo creo en ti, pero en este punto de las relaciones sexuales, no estoy de acuerdo, discrepo, me opongo, así que prefiero actuar de acuerdo con lo que yo sienta y crea conveniente para mi vida.
¿Aún no ves la gravedad y el peligro de eso? Es como pretender recorrer un largo camino y decirle a Dios, no te preocupes, aquí yo voy solo por mi cuenta, ya luego acudiré a ti. Es lo mismo cuando no quieres seguir lo que Dios ha diseñado para tu vida, solo por querer hacer las cosas a tu manera.
Por otro lado, habrá personas que, aunque tengan la posibilidad de tener relaciones sexuales, tienen un propósito más elevado que va más allá de vivir momentos de placer, entienden que lo mejor es reservar ese momento para el matrimonio porque así lo ha dispuesto Dios. Porque saben que solo con Él podrán vivir una vida plenamente feliz.
Y sí, es una tarea muy difícil, porque cuando amas a tu pareja es normal sentir deseos, pero por encima de ello, está el amor que le tienes, y el mayor acto de amor que puedes hacer por ella es amarla como Dios la ama.
Eso, señoras y señores, sí es amor verdadero.
¿Por qué esperar hasta el matrimonio?
Profundicemos por qué lo mejor siempre será reservar las relaciones sexuales para el matrimonio.
Por un lado, está la opción de tener acceso al sexo antes del matrimonio, lo que puede ocurrir en el momento que desees, pero implica muchos riesgos, uno de ellos son las heridas y daños emocionales que incluso dejan secuelas por mucho tiempo.
Antes del matrimonio no existe realmente el concepto “para siempre”, son etapas que necesariamente se deben transitar, nadie puede ser el eterno saliente, enamorado o novio de alguien; eso sería llevar una vida sin propósito ni compromiso definitivo.
Tener sexo no es garantía de que haya amor, puede ocurrir con alguien solo por placer, pero aun cuando sientes que amas a esa persona y que ella también te ama, y decides iniciar tu vida sexual, eso tiene efectos importantes, genera vínculos profundos.
Durante el acto sexual se liberan sustancias químicas como la oxitocina y la dopamina. La oxitocina es llamada la “hormona del apego” y es la que refuerza el vínculo afectivo con tu pareja. La dopamina, por su parte, te genera el deseo de repetir esos momentos que te producen placer. (2).
Cuando los niveles de estas sustancias están elevados se produce un efecto de vendaje en el cerebro, donde se apagan los filtros negativos, lo que dificulta evaluar objetivamente la relación con tu pareja, minimizas muchos defectos, justificas acciones dañinas y cuesta mucho romper el vínculo afectivo. Es por eso que se dice que “el amor es ciego.” (2).
Creo que ya puedes ver los riesgos, ¿no? Es por eso que vemos a muchas personas que les cuesta desligarse de una relación dañina donde no son valoradas ni respetadas.
Pero tal vez alguien podría objetar diciendo que eso es riesgoso siempre que te involucres con la persona equivocada que no te merecía. Porque si estoy con la “persona correcta”, no habría problema con iniciar nuestra vida sexual.
Tarde o temprano la relación puede acabar por cualquier circunstancia, y en ese momento el daño puede ser más profundo, porque seguramente tenías planes, sueños y metas, pensaste que esta vez sí era la persona indicada; el golpe es mucho mayor.
Entonces, ¿habrá valido la pena entregar una parte importante de tu vida y quedarte con tanto dolor? Razonablemente, no.
Recuerda que, si una persona dice que te ama, pero no te conduce a Dios, no te ama de verdad, por más que diga y haga lo que quiera, no te ama lo suficiente, y tú no puedes conformarte con tan poco. Qué podrías esperar de una relación con una persona que aparentemente te ama, pero te aleja de Dios, ¿piensas que algo así puede acabar bien? Difícilmente algo así puede terminar bien.
El amor dentro del matrimonio
Por otro lado, tenemos la opción de vivir las relaciones sexuales dentro del matrimonio. Aquí sí existe el concepto para siempre porque está diseñado por Dios con esa finalidad. Y por más que existan divorcios, eso no cambia el diseño original.
Las personas ordenan sus deseos sexuales y deciden reservarlas para el matrimonio, en el camino se conocen profundamente sin ningún tipo de vendaje y cultivan el amor de manera auténtica.
Y cuando finalmente llegan a casarse habrá valido absolutamente la pena todo el sacrificio porque llegado el momento consumarán su amor en la unión de una sola carne.
No será un momento más, será el momento cumbre más esperado y soñado, porque decidieron darle el valor y respeto que merece esa unión y ahora se está haciendo realidad, ningún otro momento podrá compararse con aquél.
¿Cómo podrías renunciar a ese momento tan maravilloso y esperado cuando tienes la posibilidad de vivirlo plenamente?
Como bien dice Jason Evert: “A medida que vamos perdiendo la reverencia hacia el sexo y su significado, nos vamos haciendo ciegos e insensibles a una realidad capaz de deslumbrar y dejar al mundo suspirando de lo maravilloso que es.”
La castidad y el verdadero amor
Llegado a este punto te preguntarás, y si quiero intentarlo, cómo puedo hacerlo. Hay una virtud que te permite ordenar todo el aspecto sexual hacia el verdadero amor: La castidad. No consiste en prohibiciones o represiones. Consiste en ordenar tus deseos para que tus pasiones no te dominen, sino que tú domines a tus pasiones.
A esa libertad para dominarte a ti mismo es lo que Juan Pablo II se refiere cuando dice: “Es indispensable para que el hombre pueda darse a sí mismo, para que pueda convertirse en don, para que pueda encontrar su propia plenitud a través de un don sincero de sí.”
La castidad permite que veas a tu pareja no como un medio para satisfacer tus placeres, sino como una persona que valoras por la belleza de su corazón y su alma.
Porque si tienes la posibilidad real de tener intimidad con tu pareja, pero por encima de ello decides esperar hasta el matrimonio por amor a Dios y por amor a ella, entonces estás haciendo un sacrificio auténtico por el bien del otro.
Sabemos que no es fácil, y más aún si has iniciado tu vida sexual. Pero tu pasado no te define ni te hace mala persona. Siempre hay una oportunidad para empezar de nuevo y hacer las cosas mejor.
Habrá momentos de caídas y tropiezos, luchas y batallas, pero si ambos caminan en la misma dirección, y con la gracia de Dios, se convencerán de que deben elegir lo mejor.
El sexo es algo tan bonito, bueno y valioso que Dios ha creado, que en su infinita sabiduría lo hizo para el matrimonio. Entonces, te puedes conformar con menos y dejarte dominar por tus pasiones o puedes elegir algo más grande y valioso: el verdadero amor.
Referencias:
- Biblia de Navarra, Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA), 2008-2009.
- Harvard Medical School. “Love and the Brain”. https://hms.harvard.edu/news-events/publications-archive/brain/love-brain.
- Jason Evert. Amor Puro, Catholic Answers, edición castellano, 2007.
- San Juan Pablo II, Teología del cuerpo, catequesis “Significado esponsal del cuerpo humano”, Audiencia General del 16 de enero de 1980.

